DOLOR, FATIGA, ALTERACIÓN DEL SUEÑO.


Dolor

Según el criterio del ACR, el dolor se califica, clasifica y diagnostica, como crónico y generalizado cuando se presenta superior e inferior al plano de la cintura y a ambos lados del cuerpo como mínimo durante 3 meses (MacFarlane, 1999). De todos los síntomas o manifestaciones encontradas en los estudios representados en la Figura 3, el dolor generalizado o difuso es el que concurre en un porcentaje más alto, siendo del 100% en la serie analizada por Casanueva (2007) mientras que en el estudio de Bjórkegren y cols. (2009) y Choy y cols. (2010) se informó de este síntoma en el 94,9 y 65% de la muestra, respectivamente.

A pesar de los datos y de la coincidencia tanto en la esfera clínica, empírica e incluso popular sobre el carácter central del dolor (generalizado o difuso), existen informaciones contradictorias con respecto a su presentación en término de cronicidad; mientras unos autores señalan que, en la mayoría de casos el dolor es calificado como permanente, sin que se informe de períodos prolongados de remisión o atenuación (Henriksson, Gundmark, Bengtsson y Ek, 1992), otros trabajos más recientes concluyen que existe variabilidad, informando de discontinuidad en unos casos y niveles más constantes de dolor en otros (Harris y cols., 2005).

Generalmente, el dolor se agrava a lo largo de la mañana, incrementándose en aquellas zonas o miembros más utilizados, además de que pueden existir áreas concretas donde se discrimine y sienta más, como por ejemplo, zona lumbar, abdomen o cabeza. En muchos casos, el dolor generalizado suele tener como antecedente un dolor local o regional (MacFarlane, 1999). Junto a descriptores como extenso y difuso, el dolor suele describirse en términos más sensoriales (punzante, aplastante, sensación de hormigueo, de opresión, etc.), adjetivos diferentes a los utilizados en otras enfermedades que también cursan con dolor, como por ejemplo en la artritis reumatoide, enfermedad en la que, por el contrario, no suele describirse el dolor con tanta intensidad como suele hacerse en el caso de  fibromialgia (Burckhardt, Clark y

Bennett, 1992).

La influencia de diferentes y diversas variables sobre la percepción y agravamiento del dolor ha sido también objeto de estudio. Entre los factores estudiados, y a modo de ejemplo, los cambios meteorológicos (Strusberg, Mendelberg, Serra y Strusberg, 2002) han sido uno de ellos. Aunque parecen guardar algún tipo de relación, los datos, como en la mayoría de variables analizadas, no son concluyentes, y por tanto no generalizable

Además de presentarse o definirse como generalizado y / o difuso, aunque con la posibilidad de poder manifestarse en unas zonas o miembros con mayor intensidad que en otras, su presencia a nivel articular es también bastante frecuente, de acuerdo con las proporciones encontradas de artralgia o dolor articular periférico en los trabajos de Choy y cols. (2010), Casanueva (2007) y Bjórkegren y cols. (2009), 65%, 90,78% y 93,4%, respectivamente, porcentajes que justificarían su inclusión como una característica sintomatológica propia de la fibromialgia.

Fatiga

La fatiga, queja subjetiva de baja vitalidad o falta de energía, aunque prevalente en los principales cuadros de dolor crónico como la artritis reumatoide, por ejemplo, (Fishbain y cols., 2003), se suele presentar en un nivel clínicamente significativo en el fibromialgia, superando el 70% de pacientes (Wolfe, Hawley y Wilson, 1996) y convirtiéndose así en el siguiente síntoma más característico y común de la fibromialgia, después del dolor. Además, suele llegar a convertirse en el principal obstáculo para la realización de las actividades diarias (Henriksson, y cols. 1992). En las series analizadas por Bjórkegren y cols. (2009) y Casanueva y cols. (2007) más del 90% de la muestra presentó entre sus quejas o problemas principales a la fatiga, mientras que un poco más de la mitad (56%) lo hizo en el estudio de Choy y cols. (2010) (véase la Figura

3).

Por lo general, la fatiga sigue un patrón variable, con oscilaciones a lo largo de los días y menos estable que en otras dolencias crónicas (Zautra, Fasman, Parish y Davis, 2007), aunque también puede presentarse de forma continua (Wolfe y cols., 1997).

Por último, son múltiples los factores que correlacionan con el grado de fatiga, entre ellos, el dolor, las alteraciones del sueño, la depresión o los síntomas depresivos y las experiencias interpersonales positivas y negativas (Kurtze y Svebak, 2001; Nicassio, Moxham, Schuman y Gevirtz, 2002; Parrish, Zautra y Davis, 2008), asociaciones que se deben tener en cuenta en la predicción y manejo de este síntoma.

Alteraciones del sueño

Después del dolor y la fatiga, la experimentación de alteraciones del sueño es la siguiente queja más común, presentándose con una alta frecuencia y por una proporción muy significativa, superior incluso al 90% (Theadom, Cropley y Humphrey 2007). En los trabajos representados en la Figura 3, menos en la muestra de Choy y cols. (2010) donde la mitad (55%) de la muestra informó de problemas de sueño, en los realizados por Casanueva y cols. (2007) y Bjórkegren y cols. (2009) un porcentaje muy significativo de casos, 91,71% en el primero y 86% en el segundo, informaron de alteraciones en el sueño.

El patrón más característico o común suele comenzar con dificultades para conciliar y mantener el sueño, despertares continuos a lo largo de la noche, e incluso antes de la hora o momento deseado, y un sueño no reparador, además de poder presentarse en algunos casos, trastornos primarios del sueño como insomnio o apnea del sueño (Harding, 1998).

La mala calidad del descanso ha demostrado correlacionar con otros síntomas del fibromialgia y, por ende, exacerbar una baja o mala calidad de vida en general (Theadom y cols., 2007). Así, las dificultades en el sueño parecen preceder y predecir un aumento del dolor al día siguiente y de la atención al mismo (Bigatti, Hernández, Cronan y Rand, 2008), llegando a dificultar la recuperación ante experiencias negativas o estresantes (Hamilton y cols., 2008). En la esfera afectiva o emocional, la insuficiencia en el descanso nocturno también parece correlacionar con la presencia de alteraciones emocionales, ansiedad y depresión (Bigatti y cols., 2008).

http://www.fibromialgiaweb.com/

#DOLOR #FATIGA #ALTERACIONDELSUEÑO

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